¿Te suena?
Tienes gente capaz que no está dando lo que debería. Y casi siempre se ve así:
El cuello de botella eres tú
Nada avanza hasta que tú opinas. Tu equipo espera tu visto bueno para cosas que podrían resolver solos.
Las juntas terminan y no pasa nada
Sales pensando que ya quedó. A los dos días te enteras de que nadie movió un dedo. Y ahí vas de nuevo: dando seguimiento, aclarando, haciéndolo tú.
No puedes soltar
Quieres delegar, pero sale más rápido hacerlo tú. O arreglarlo después.
Si tú no empujas, nadie se mueve
En cuanto bajas el ritmo, todo se frena. La gente se ve ocupada, pero lo importante siempre llega tarde. O no llega.

